La fotografía oculta.

Otro vaso de vino !!..dijo desde la mesita del fondo del bar. El camarero lo miró desde la barra y asintió con la cabeza. Sacó de nuevo la botella y comenzó a llenar de nuevo el vaso mientras la mirada del cliente se perdía en fluir del rojo licor.

Solo bastó un trago para hacerlo desaparecer de su recipiente. Respiró hondo y apoyó su cabeza entre sus brazos. Un profundo suspiro se dejó sonar en todo el bar, aunque la verdad es que estaba solo, era el único cliente de aquel sitio en mitad de la nada. Para haceros una idea, era extraño ya de por si encontrarse con el, ya que estaba en mitad de una carretera muy poco transitada, habitualmente algún camionero o motorista perdido que busca una ruta alternativa a la gran autopista, pero poco mas, hasta ese día, en el que su viejo Opel Kapitan. Cuando paraba con aquel automóvil en cualquier lugar todo el mundo se le quedaba mirando. Recordaba que el Opel Kapitän no era un modelo especialmente conocido o recordado a día de hoy, pero puede considerarse el bisabuelo del Opel Insignia, el estandarte actual de la marca alemana. Diversos modelos vieron la luz bajo esta denominación: en 1938 veía la luz la primera generación, que se retomaría tras la posguerra con pocos cambios hasta el año 1953, luciendo rasgos puramente americanos. Lo había heredado de su abuelo, que lo había traído de importación, uno de los pocos que llegaron al país en un momento de escasez económica.

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El camarero se acercó a su mesa, llevaba observando mas de 20 minutos y vio que no se movía . Tocó con su mano en su cabeza y la notó fría . Estaba muerto, o al menos lo parecía. Lo movió hacia un lado y este cayó como si fuera de plomo desplomándose contra el suelo. Asustado tocó su cuello buscando la vena que le diera alguna señal de que estaba vivo, pero nada, esa señal no llego nunca, solo el silencio en medio de un cuerpo inerte.

Su cara marcaba una expresión sombría, un rictus que expresaba lo amargo de la vida. Quien sabe lo que le había tocado vivir a aquel hombre desconocido. El camarero salió del bar. El cielo estaba nublado y su sombra se dibujaba sobre el capo del viejo Opel. Abrió la destartalada puerta para buscar alguna información de aquel moribundo. Se sentó y en el parasol estaba una fotografía gastada de una mujer de los años 40. Era imposible que fuera su esposa, ya que habían pasado mas de 60 años desde aquella fotografía, pero era obvio que era importante para el.

La tomó entre sus manos y vio que la fotografía estaba borrosa en algunos sitios  y ademas doblada..si..una parte bien pegada..justo la mitad. La desdobló con cuidado y sus ojos se paralizaron al ver que quien estaba a su lado era igual al señor que estaba muerto en el bar. Salió corriendo con la foto en la mano para corroborar la imagen que acababa de ver y no pensar que estaba loco.

Sobre el suelo frió y sucio de viejas servilletas estaba el cadáver  Lo dio la vuelta y puso la foto al lado de su rostro. El asombro era completo, era idéntico al hombre que estaba la lado de aquella bella dama de los años 40. No entendía mucho de fotografía, y menos de posibles montajes, pero estaba claro que aquella parecía real. Dejó la foto encima del pecho del pobre hombre y se levantó dispuesto a llamar a la policía para relatar lo ocurrido.

En cuanto descolgó el teléfono una voz le hizo tirarlo al suelo. La frase fue¨Gracias¨..era aquel hombre, estaba vivo y llevaba en su mano la fotografía de la mujer y el. Esbozando una sonrisa salió por la puerta y se monto en aquel Opel Kapitan. En ese momento comenzó a llover. El camarero salió corriendo hacia la salida sin poder articular palabra y vio como aquel coche antiguo se alejaba entre la tupida lluvia y los truenos.

Por un momento creyó ver que desaparecían de su vista..y así era, porque nunca mas se supo de ningún Opel antiguo en el lugar. Entro en el bar y se percató que encima de la mesa había algo..era una nota..decía ¨Gracias por devolvérmela ¨.

Tras las rejas.

Un fuerte golpe en la cabeza fue lo último que recordaba, además de su vista nublada según se precipitaba al suelo. Ahora sus ojos se acostumbraban a la oscuridad de aquella celda con una pequeña ventana de gruesas rejas oxidadas. La humedad era intensa, tanto que notaba como sus músculos se entumecían con solo sentirla. Frotó sus parpados y giró su cabeza para ver donde se encontraba.

Era una pequeña cárcel de piedra, obviamente había sido hecho prisionero en la batalla. Se encontraba desnudo, le habían desposeído de todas sus pertenencias, solo tenía para el la viva llama que aún latía en su interior por querer salir de donde acababa de caer. Siempre fue un alma libre..como dicen los viejos..pero ahora era lo mas parecido a un pájaro enjaulado, sin mas luz que la que se colaba por aquellas rejas desafiantes.

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El silencio reinaba allí, solo el goteo incesante de la lluvia que estaba cayendo en el exterior rompía el sepulcral silencio. Miraba acurrucado en una esquina, temblando de frío como las gotas se colaban entre la ventanuco llegando alguna a tocar su rostro. Cerraba sus ojos e intentaba imaginar que estaba fuera, en la entrada de su casa cuando empezaba a llover, recordaba lo mucho que le gustaba mojarse y el rico olor a tierra mojada, como en ese momento salia su esposa a abrazarlo con una manta de lana donde se envolvían y se comían a besos, mientras la lluvia les empapaba y era parte de su amor.

Pero aquella bonita visión duró poco.Con sus brazos acariciaba su espalda desnuda como queriendo sentir algo mas que no fuera soledad y dolor. Lo habían dejado allí encerrado sin preguntar nada, ni siquiera había podido ver a sus captores. Pensaba cuan cruentas son las guerras, y esta era una mas de las que le había tocado vivir.Ahora seguía obsesionado con escapar, convertirse en una libélula que pudiera pasar entre los barrotes y decirle adiós a la triste prisión.

Se levantó del frío y húmedo suelo. Con sus manos agarró los barrotes y flexionó sus brazos para intentar alcanzar a ver tras ellos. Pero estaba muy débil, apenas pudo levantar un palmo del suelo. Se quedó bajo la ventana, cabizbajo , así toda la noche, hasta que amaneció. Durante mas de dos días no se movió  solo el reflejo de la luz partida a través de las rejas dibujaba sobre su cuerpo desnudo un tenebroso traje a rayas.

Después de tres días la gruesa puerta de madera y hierro se abrió. Unos soldados entraron y lo encontraron en el suelo, con la mirada fija en los barrotes, y los ojos vidriosos y en la mamo un pequeño gorrión. Cuando lo tocaron, vieron que había muerto. En ese momento su mano se abrió y el pájaro voló a través de la ventana entre los fríos y oxidados metales .

Desde ese día, cuando un gorrión canta y esta lloviendo a cántaros, deja de llover y después sale el sol, una reflexión es que como todos sabemos, nunca llueve eternamente, y las rejas o barrotes que detienen tu libertad pueden dejar de serlo si te aventuras a volar.

 

 

El camino sin retorno.

Quizás en otra vida, posiblemente habría sido diferente, pero era esa la vida que la había tocado vivir, no tenía otra. En mas de una ocasión soñó que la salían unas enormes alas y las extendía para poder volar. Cerraba los ojos con fuerza y agitaba sus finos brazos como si de ellas se trataran, intentando levantar el vuelo corriendo por la era de su padre..pero lo único que conseguía era tropezar con la misma piedra de siempre.

Después abría los ojos y y descubría cuanto había conseguido lograr, aquello que imaginaba, volar, ver desde lo mas alto, recorrer grandes distancias en poco tiempo, pero sus ojos abiertos la descubrían la cruda realidad. Estaba en el suelo, ni siquiera podía verse de pié, además con un tobillo dolorido culpa de la pequeña roca que la esperaba para chocar con ella y hacer que esta se abalanzara contra el suelo.

Todos sus anhelos,esperanzas y sueños truncados por no poder hacer realidad sus sueños.

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Se levantó cabizbaja y caminando despacio entre la hierba se dirigió hacia el camino que estaba en mitad de las tierras. Siempre había sido una soñadora, buscaba encontrar en el camino lo que su mente dibujaba, pero siempre hallaba lo contrario. Su tesón era fuerte, pero las veces que había tropezado eran muchas. En ocasiones se fijaba en alguna nube y pensaba como sería si de verdad fueran de algodón, como en los cuentos, construir allí su casa, y pescar desde allí arriba echando la caña a quien quisiera acompañarla en lo mas alto.

Imaginaba que la verían y la gritarían ..¨yo quiero estar allí arriba..como tu ¨ y ella sonreiría y compartiría su felicidad con todos los que quisieran . Pero solo era eso..un sueño, porque las nubes de verdad se disipan con el viento, o cuando deciden llorar y derramar sus lagrimas sobre la naturaleza.

Ahora caminaba despacio, con una pequeña sombrilla que la diera sombra y protegiera del sol o la lluvia  hacia un final sin retorno. Tenía decidido romper sus miedos contra la barrera invisible de sus temores. Paso a paso fue descubriendo que podía avanzar, que no necesitaba alas ficticias para volar..ya que volar era parte de sus deseos, y estos, como los tuyos, salen de lo mas profundo de tu corazón, y se embarcan en un camino sin retorno.

La maleta.

El anden estaba vacío al igual que la pequeña sala de espera. Solo unas hojas revoloteando en su interior movidas por el torbellino de aire que se coló por una de las ventanas rotas, las hojas giraban y giraban dando vueltas sobre si creando formas caprichosas movidas por el viento. Los bancos estaban vacíos ya desde hacía varios años, antes de madera y forja brillante, y hoy desconchados y oxidados por el tiempo. Sobre los mostradores solo el polvo esperaba su hora, el momento de partir en el próximo tren, aquel que ya nunca volverá a pasar.

Un viejo reloj con la esfera de cristal rota y las agujas desvencijadas marcaba ninguna hora, como si aquella estación estuviera condenada a permanecer en un lugar donde nada se mueve y todo permanece inalterado en el tiempo, perdiendo su color y convertiendose en un mundo monocromático .

Miré por una de las ventanas frotando la mugre del cristal rallado y sucio. Al fondo de la sala de espera había una maleta de color marrón, de aspecto muy antiguo, con los cierres rotos y con algo en su interior. Decidí abrir la ventana, cosa que no me fue muy difícil en tan vieja construcción. Una nube de polvo dejó mi cabello blanco, al igual que mi ropa, pero no me importó,salté dentro.

Una vez allí sentí algo que intentaré describir. Miré mis brazos, y estos se volvieron mates, opacos..en una palabra, perdieron el color. Después siguió el cuerpo..mis piernas..mi cabeza..y mi ropa..todo era gris, al igual que la sala de espera. Comencé a respirar con dificultad, como si el aire se espesara en la salita. Mire de nuevo al objeto de mi aventura, la maleta.

Caminé despacio en dirección a ella. Según avanzaba mis huellas se marcaban en el suelo de terrazo, quedando grabada la huella como si de un paisaje lunar se tratase. De repente me detuve a observar mi alrededor girando sobre mi mismo, imaginando el movimiento de aquella estación de los años 30. Los señores corriendo, el muchacho de los periódicos vendiéndolos a grito pelado, las elegantes señoritas con sus sombreros elegantes..hasta la floristería móvil de una anciana señora que vendía sus claveles a eternos enamorados que esperaban su tren.

Aquella maleta estaba llena de misterio. Era obvio que llevaba allí abandonada mucho tiempo, pero que nadie había reparado en ella. Me agaché y vi que dentro había algo, era como si fueran ovillos de lana. Metí mi mano gris y palpé algo suave ..tiré de ello y ví que era de color verde..si amigos..de color!..

Según sacaba mas de la maleta salían otros colores, rojos, amarillos..hasta que la maleta se abrió y de ella apareció una joven multicolor que contrastaba con la sala en blanco y negro. Agarró la maleta y metió los ovillos en ella, sin perder una hermosa sonrisa y sin dejar de mirar mi asombrado rostro. La maleta estaba a medio cerrar, pero  pronto pude ver que ella era la vida de aquella estación. Se acercó al anden y desde alli levantó su mano mientras un tren paraba y se montaba.

Aturdido y desconcertado por lo vivido decidí volver sobre mis pasos. La hojas movidas por el viento me envolvieron con fuerza devolviendotodo el color que me faltaba, mientras con mis dedos intentaba jugar con ellas. Cerré los ojos y al abrirlos estaba de nuevo fuera de la estación con una maleta en la mano, igual a la de la mujer colorida. Miré a lo lejos y vi llegar mi tren..el que siempre había estado esperando.

maleta

Las alas sin memoria.

Había una vez una pequeña hada que vivía en un bosque lleno de flores y arboles grandes y frondosos.Un día nuestra pequeña hada se sentó en una flor , y mirando al cielo empezó a pensar lo feliz que era. Nunca la había faltado de nada. Desde pequeña, sus padres la enseñaron a volar entre la espesura del bosque, sus amigos la enseñaron a jugar y divertirse en el lago, huyendo de todos los peligros y burlarse del sapo de la charca. Sonreía al cielo por su suerte, nada la faltaba, pero sin saber como algo dentro de ella le decía que no era lo suficientemente feliz.

Extendió sus pequeñas alitas y se lanzó a volar, pero cual sería su sorpresa! No podía! Y se precipitó estrepitosamente contra el suelo. El golpe fue duro..pero ella era un hada, y estas tienen una resistencia mágica  Se puso de pié e intentó adivinar porqué sus pequeñas alitas no funcionaban ya que ella era una excelente voladora.

¿Que me pasa? Pensó en voz alta..jamás me había sentido así. Empezó a recordar lo que estaba pensando antes de lanzarse al vacío. Pensaba que era feliz..si..pero algo hizo que sus alas no aletearan como de costumbre. Como no hallaba ninguna respuesta, decidió caminar y buscar una respuesta. Al poco se encontró con un pequeño Elfo. Ya lo había visto alguna vez, pero aunque le resultaba gracioso, pocas veces se había parado a pensar en el. El elfo la sonrió con picardía. Pero ella no tenía ganas de sonreír ..¡¡Ahora no podía volar!!

Hola! Dijo el pícaro elfo..te veo preocupada, quizás yo te pueda ayudar,decia mientras acariciaba su vara mágica . Pero ella lo miró de reojo..hummm..que podía hacer un pequeño elfo para ayudar a un hada? Ella empezó a caminar mas y mas deprisa..pero los elfos pueden moverse aun mas rápido, por lo que ella no podía zafarse de nuestro querido personaje.

Hola hola ¡! Je..dijo el elfo..quizás no vuelas porque no deseas hacerlo. Tonterías! Dijo el hada..desaparece de mi vista o te hago desaparecer con mi magia. Pero los elfos son inmunes a la magia de las hadas, y este no tenía ningún temor.

Vaaaamos..reconoce al menos que necesitas ayuda.

En ese momento, ella se paró en seco. Tenía demasiada soberbia como para reconocer que era cierto, pero la hizo recapacitar.

No puedo volar!! Y comenzó a llorar.

Venga..no llores, primero debes de encontrar la manera de hacer que tus alitas funcionen, a veces la respuesta a nuestras dudas están dentro de nosotros, y abrir la caja de nuestro corazón conlleva el riesgo de aceptar la verdad. Vamos ¡! Ven conmigo a mi casa, te invito a una taza de leche con galletas ( todos los elfos saben que a las hadas les encantan las galletas con leche)

La idea la pareció fantástica !..vamos..dijo limpiándose las lagrimas de sus sonrosadas mejillas. La caseta del elfo no estaba lejos, cerca de un viejo roble. El olor a tomillo y flores silvestres era embriagador.

Entraron en la casa, y allí estaba el señor topo, intimo amigo de nuestro querido elfo. El viejo topo era muy sabio, aunque un poco ciego.

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Cuando el topo vio al hada, este bajo la cabeza en señal de reverencia y saludo. Pronto los tres estaban deleitándose con leche y montones de galletas. El elfo puso al corriente al señor topo del problema de nuestra hada. Al momento el topo dijo:

Hummm..no puedes volar. Volar es importante, aunque no lo es todo. Tu vida esta rodeada de magia y poder, pero utilizas una parte. Crees que siempre tendrás el poder de volar y la magia de hacer cuanto deseas, pero tu corazón piensa que no es así. Has dejado de lado tu magia..la de compartir tus experiencias , la de volar al lado de quienes te han ayudado. Te has acostumbrado a olvidar parte de tu vida, y con ello, la posibilidad de volar a cambio de la seguridad de tu entorno de flores y árboles, olvidándote también del cielo azul, el sol y las estrellas.

Las palabras del topo eran duras, pero reales. Hada bajo la cabeza y comenzó a sollozar en silencio.

Todo cuanto decía era cierto, aunque extremadamente duro. En su corta vida, había conocido muchas experiencias, disfrutó y fue muy feliz, pero en la medida que creció, se afianzó en ella misma, olvidando parte de sus experiencias en su propio beneficio. Pero..dijo..no es así como yo lo veo, yo miro solo por y para mi, y debo hacerlo para ser feliz. En ese momento elfo y topo la miraban serios y tristes. ¿En serio crees que dejar de lado todo cuanto te hizo volar mas alto es lo correcto? La preguntaron..

Ella no contestó. Se limitó a levantarse y darse la vuelta, mirando hacia la salida y dirigiéndose a paso lento, alejándose de sus nuevos amigos. Ahora anochecía, y de nuevo sola, sentada bajo una seta roja y negra pensaba en lo que la había pasado. Estaba muy cansada, por lo que se durmió.

Al despertar, se encontró en una enorme tela de araña, y no podía despegarse. La cruel araña del bosque la había capturado en su profundo sueño. En ese momento pensó que todo la salía mal. No podía volar, además estaba a punto de ser devorada por la terrible araña. Araña se acercó y la dijo..¨hay infeliz, no puedes volar porque tu mundo vuela a tu alrededor y no vuelas tu alrededor de tu mundo¨. Aquellas palabras le provocaron un terrible dolor de cabeza, no entendía nada, solo pensaba en su casa, su familia, todo lo demás le daba igual.  Y volar..volver a volar, y olvidar todas las que para ella eran bobadas, todos los consejos y amigos que había dejado por el camino

Por un momento pesó que era el objetivo de un terrible hechizo y que debido a ello no podía hacer funcionar sus alitas. En ese terrible momento apareció en escena un viejo conocido..aquel sapo del que se reía y bromeaba en sus juegos. Con su lengua atrapó a la horrenda araña y la engulló..y de un salto rompió la tela que la tenía prisionera.

Ella limpiándose la pegajosa tela de araña, lo miró sin saber que decir. No digas nada, comentó el sapo..crooooak…tu te reíste de mi en el pasado, no me importa, yo pienso que todos somos energía, quizás algún dia me devuelvas el favor, piensa que tienes una segunda oportunidad. Encauza tu vida y extiende tus alas, cierra los ojos y desea con fuerza lo que mas quieres. Hada apretó los puños..y mirando al cielo, con los ojos rojos de ira maldijo su destino.

Sapo se alejó sin saber porque. Hada estaba de nuevo sola. En ese momento un gnomo la agarró de la mano y agarrándose a un águila comenzó a ascender y ascender… Noooooooooooo…gritó ella, presa de pánico…voy a morir..no puedo volar…tengo que conseguirlo..tengo que pensar en algo que me haga reaccionar..tengo que poder..

Volaba mas y mas alto…y ella cerraba los ojos.

Gnomo en ese momento ordenó a águila que la soltara y esta lo hizo. Según se precipaba al vacío intentaba mover sus alitas, pero estas no respondían. Según caía se empezó a acordar de elfo..topo..sapo..hasta del gnomo..a todos cuanto no había hecho caso, y de repente a pocos metros del suelo sus alas comenzaron a moverse..primero torpemente..después mas rápido..hasta volar a ras del suelo contra el que se iba a estrellar.

Con su corazón latiendo a mil por hora comprendió el sentido de la vida y el como todo lo que nos rodea influye en ti aunque creas que eres de piedra. Se posó sobre un lirio y comenzó a llorar.

 

 

 

 

La calle 33.

La historia que voy a contar puede llegar muy dentro de tu alma, es mas, léela con pasión y disfruta de sus personajes.

La calle 33 del barrio de la vieja ciudad de Chicago estaba situada cerca de donde había ocurrido todo. Aun se podía oler el intenso aroma de la pólvora que recorría la calle impregnándola y haciendo que el ambiente estuviera mas cargado de lo habitual.

Ocurrió que un joven salió a pasear, nada importante, solo comprar el periódico al chico de la esquina, no dio tres pasos cuando se topó con una banda peligrosa de gansters que en su afán por dominar la ciudad se batían tiroteándose contra el viejo capo Manzini. El joven se ocultó tras una boca de incendios, estaba en medio de una guerra de bandas. Una bala perdida le atravesó el corazón y cayó desplomado en el suelo en medio de un gran charco de sangre. Aquello fue una masacre..pero solo uno era inocente, el pobre chico que se encontró con la fría muerte sin tener culpa de nada.

Harry era un detective que llevaba años patrullando esas viejas calles. Aquel dantesco cuadro de muertos no le produjo la mas mínima sensación, eran los días de la ley seca, y cada semana los gansters y sus ametralladoras thomsom del calibre 30 hacían agujeros en todo aquel que se opusiera a su ley.

Mientras observaba los rostros que allí se encontraban, carentes de vida, empezó a señalar apartando su sombrero de su frente..:

¨Hummm..dijo..jonny el orejas..danni el gordo…harpo el ñapas..todos estos son gansters..Pero y este??¨

Allí había alguien que no encajaba con la calaña del lugar..Alguien puro. Da igual..dijo, mientras escupía tabaco en el suelo, llevaros los cadáveres a la morge, mañana me espera mucho papeleo. Un viejo camión ambulancia cargo los cuerpos y se marchó mientras la sirena aullaba entre la calle impregnada de muerte y dolor.

Al día siguiente, una joven de bonito y rebelde cabello rizado salía arreglada de su casa al taller donde trabajaba su hermana.

No estaba lejos, pero tenía que pasar por la calle 33, la calle de los crímenes. Aun la policía con su viejo uniforme gris estaba sacando pistas del lugar..Aunque sabían quien había sido. Ella se paró en la esquina de la 32 y observó aquello. Sostenía con nervios un bolso en su mano. Noto una brisa extraña, y eso que hacia mucho calor. En su cuello, algo le decía que tenía a alguien detrás.

Hola!! ..ella se giró sobresaltada..allí estaba un joven de agradable sonrisa. Su aspecto era saludable..pero extraño.

Ella le dijo.:

¨Quien eres?¨

Me llamo earl y vivo aquí al lado..no te había visto antes..

Bueno..yo también vivo cerca..en ese momento ella se fijo en sus ojos..y en sus manos, profundas y surcadas de experiencia. Ejemmm..dijo..me llamo Pure..

Bonito nombre..te apetece venir conmigo a tomar un café?

Ella no esperaba esa pregunta, pero una fuerza extraña le hizo contestar que si. Aunque algo no encajaba, mientras ella hablaba con el, la gente la miraba como si estuviera loca, aunque a ella no la importó, siempre había sido muy espontánea.

Caminaron juntos hasta la cafetería del tren de la calle 32. Entraron, y ella se pidió un café americano.

¨Y tú..que tomas?¨

El dijo ..lo mismo, sin dejar de mirar su cabello, su sonrisa. Ella pidió otro café, y la camarera extrañada y sin preguntar le puso otro al lado del que aun estaba caliente en la barra.

Jamás vi una chica con una sonrisa tan especial ,dijo Earl. Ella se ruborizó por un instante. Su presencia la hacía olvidar que era una chica difícil de enamorar, la vida había sido dura para ella, y sus relaciones poco agradables. Por un momento en sus brillantes ojos verdes se pudo ver lagrimas de nostalgia y dolor.

La chica había tenido pareja, pero ahora no quería estar con nadie. Los hombres que había conocido eran simples y solo buscaban sexo, este hombre era distinto, la entendía, comprendía todo cuanto ella pensaba, y por alguna razón extraña, se sentía como si lo conociera desde hacía mucho tiempo.

Viendo a Earl, se sentía protegida y feliz a su lado. Su sola presencia era paz y su optimismo contagioso .Eran imanes que apenas podían separarse.,

Tomo su café..pero observó que Earl no lo hacía.

¨No tomas tu café?¨ Le dijo Pure extrañada, al ver que se estaba quedando frío en la barra del bar.

Humm..no puedo hacerlo..algo me ha hecho volver, yo ya no estaba en este mundo y aparecí a tu lado..

En ese momento la taza se cayó al suelo..y una lagrima corrió por su mejilla, era el..el chico que había sido asesinado y que los periódicos anunciaban.

Pure , dijo Earl..el sentimiento es a veces tan fuerte que te puede hacer volver de la muerte, y acercando sus labios a los suyos la besó..cuando ella abrió los ojos, el había desaparecido, y por alguna razón que desconocía, se sentía en paz y con lagrimas en los ojos.