Condenado.

Llovía a cántaros y el agua recorría su cara empapando su barba. Las gotas de lluvia se mezclaban con algunas de las lágrimas que se esforzaban en no dejarse ver, al fin y al cabo, el dolor sale desde el corazón y son los ojos la ventana donde ves como estas por dentro. Llevaba horasSigue leyendo «Condenado.»